América Latina se sube al tren de la inteligencia artificial, pero lo hace con vagones de distintas velocidades. Mientras un puñado de países como Chile, Brasil y Uruguay encabezan los rankings de adaptabilidad, la mayor parte de la región avanza a paso lento, sin marcos normativos claros, con poca infraestructura y un débil impulso en la formación de talento humano especializado.
Ese fue el diagnóstico que surgió de un foro celebrado en la Universidad Católica de Uruguay (UCU), donde expertos de la academia, el sector privado y organismos internacionales analizaron el estado de la IA en Latinoamérica y las estrategias para llevarla al sector productivo.
LAS BRECHAS QUE FRENAN A LA REGIÓN
Kellee Wicker, directora del programa de Ciencia e Innovación del Centro Woodrow Wilson en Washington, abrió el foro con un llamado urgente: es necesario “cerrar brechas entre los generadores de nuevas tecnologías y los formuladores de políticas”. Según Wicker, el rezago está generando un retraso estructural en la mayor parte de los países latinoamericanos para encaminarse hacia la adopción efectiva de la inteligencia artificial.
Desde Google, Tamara Colodenco, gerente de políticas públicas para el cono sur, identificó el mayor obstáculo: la falta de infraestructura para centros de datos y el acceso limitado a servicios de computación en la nube. Sin esa base tecnológica, advirtió, el desarrollo de aplicaciones de IA a escala queda fuera de alcance para la mayoría de empresas y gobiernos de la región.
Colodenco también subrayó la importancia de la regulación, un terreno donde Latinoamérica está aún en etapas tempranas. “Estamos en un momento único para pensar la regulación, sobre todo en Latinoamérica”, señaló, advirtiendo que los marcos normativos deben equilibrar la innovación con la protección de derechos.
LOS LÍDERES REGIONALES
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), elaborado por la CEPAL, mide el avance de los países en investigación, innovación, adopción, infraestructura, datos y formación de talento. Los resultados muestran un panorama desigual:
Chile lidera con un puntaje de 73,07 sobre 100, destacando en gobernanza y adopción institucional.
Brasil ocupa el segundo lugar con 69,3 puntos, impulsado por su base de investigación y el tamaño de su economía digital.
Uruguay se posiciona en 64,98, sobresaliendo en infraestructura y en el uso de IA para manejo de datos y operaciones en el sector productivo.
Otros países presentan perfiles mixtos: México tiene buen desempeño en investigación y adopción, pero limitantes de gobernanza. Perú y República Dominicana muestran mejor gestión institucional, pero les falta innovación y desarrollo tecnológico.
EL DESAFÍO DEL SECTOR PRODUCTIVO
Más allá de los chatbots y las herramientas de comunicación, el verdadero reto para Latinoamérica es integrar la inteligencia artificial en sus sectores productivos: agricultura, manufactura, logística, energía y comercio exterior.
Juan Bogliaccini, decano de posgrados de la UCU, sostuvo que la región enfrenta “muchos desafíos asociados a la inteligencia artificial”, pero que los países no pueden dilatar la discusión ni postergar las decisiones de inversión.
En el sector exportador, el panorama es particularmente urgente. Un representante del sector señaló: “Entre los desafíos para el sector exportador, lo primero es capacitación y conocimiento. Estamos trabajando en este 2025 para empezar a sensibilizar sobre las herramientas que están en el mercado. Hay mucho que está pasando, quizá no es tan conocido, pero tenemos herramientas de laboratorios tecnológicos. Creemos que acercar ese conocimiento es clave”.
En la agricultura, por ejemplo, tecnologías más tradicionales como los sistemas de riego automatizado ya se han implementado, pero la inteligencia artificial se plantea como algo más complejo que requiere datos, conectividad rural y capacitación especializada que aún no están disponibles en la mayoría de los países de la región.
LO QUE ESTÁ EN JUEGO
La brecha entre los países que adoptan la IA y los que no lo hacen no es solo tecnológica: es económica, social y geopolítica. Los países que logren integrar la inteligencia artificial en sus cadenas productivas ganarán competitividad, reducirán costes y crearán nuevas oportunidades de empleo cualificado. Los que se queden atrás corren el riesgo de profundizar su dependencia tecnológica y ampliar las desigualdades que ya caracterizan a la región.
Latinoamérica tiene la oportunidad. La pregunta es si tendrá la velocidad.

