La insistencia del gobierno de Gustavo Petro en comprar Monómeros Colombo Venezolanos ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que el país lleva años sin responder con claridad: ¿es Monómeros un buen negocio? Y más importante aún: ¿qué tanto peso tiene realmente esta empresa en el mercado colombiano de fertilizantes como para justificar una inversión estatal de esa magnitud?
La respuesta, como suele ocurrir con los negocios que mezclan geopolítica, soberanía alimentaria y finanzas públicas, no es tan simple como un sí o un no.
QUÉ ES MONÓMEROS
Monómeros Colombo Venezolanos S.A. es una empresa petroquímica con sede en Barranquilla, dedicada principalmente a la producción de fertilizantes, caprolactama (materia prima para fibras sintéticas) y otros productos químicos industriales. Fue fundada en 1967 como una sociedad entre Pequiven (la estatal petroquímica venezolana, que posee el 72,45 por ciento de las acciones) y el Estado colombiano a través de entidades como el Ministerio de Agricultura y el extinto IFI.
Durante décadas, Monómeros fue una de las empresas más importantes del Atlántico y un actor clave en el suministro de fertilizantes para el agro colombiano. Sin embargo, su historia reciente ha sido turbulenta: la crisis venezolana, las sanciones internacionales contra el régimen de Maduro, las disputas entre el gobierno interino de Juan Guaidó y el madurismo por el control de la empresa, y años de deterioro operativo y financiero han dejado a Monómeros en una posición debilitada.
SU PESO EN EL MERCADO DE FERTILIZANTES
Aquí es donde la conversación se pone interesante. Colombia consume aproximadamente 2,5 millones de toneladas de fertilizantes al año, según cifras de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI) y gremios del sector agropecuario. De ese total, el país importa alrededor del 85 al 90 por ciento, principalmente de Rusia, China, Marruecos, Estados Unidos y otros proveedores internacionales.
Monómeros, en sus mejores momentos, producía entre 400.000 y 600.000 toneladas anuales de fertilizantes — una cifra significativa pero que representaba menos del 25 por ciento del consumo nacional. En años recientes, esa producción ha caído debido a la falta de inversión, problemas operativos y la incertidumbre jurídica sobre la propiedad de la empresa.
Es decir, Monómeros es un actor relevante pero no dominante en el mercado colombiano de fertilizantes. El país seguiría dependiendo masivamente de las importaciones incluso con Monómeros operando a plena capacidad.
LOS ARGUMENTOS A FAVOR DE LA COMPRA
El gobierno de Petro ha enmarcado la posible adquisición de Monómeros en el discurso de la soberanía alimentaria. Los argumentos principales son:
Reducir la dependencia de importaciones de fertilizantes, un insumo crítico para la agricultura colombiana cuyos precios se dispararon tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Tener control estatal sobre la producción de un insumo estratégico para la seguridad alimentaria del país.
Reactivar la planta industrial de Barranquilla, generando empleo y dinamizando la economía del Atlántico.
Aprovechar la infraestructura existente — la planta de Monómeros ya cuenta con la capacidad instalada para producir fertilizantes, lo que evitaría construir una nueva fábrica desde cero.
LOS ARGUMENTOS EN CONTRA
Los críticos de la operación señalan varios riesgos:
Precio y condiciones de la transacción. No está claro cuánto pediría Venezuela por su participación mayoritaria, ni en qué condiciones se cerraría la operación. Comprar una empresa controlada por un gobierno bajo sanciones internacionales introduce complicaciones jurídicas significativas.
Estado de la planta. Monómeros ha sufrido años de desinversión. La maquinaria y las instalaciones necesitarían inversiones cuantiosas para recuperar niveles competitivos de producción. Comprar la empresa es solo el primer gasto — rehabilitarla podría costar tanto o más.
Gestión estatal. La historia de las empresas estatales en Colombia no siempre ha sido de éxito operativo. Los críticos argumentan que el sector privado podría operar la planta de forma más eficiente y con menor riesgo de captura política.
No resuelve el problema de fondo. Incluso con Monómeros al máximo de su capacidad, Colombia seguiría importando más del 75 por ciento de sus fertilizantes. La soberanía alimentaria no se resuelve con una sola planta — requiere una estrategia integral que incluya diversificación de proveedores, desarrollo de fertilizantes orgánicos, investigación agronómica y políticas de precio.
ENTONCES, ¿ES UN BUEN NEGOCIO?
La respuesta depende de qué se entienda por “buen negocio”. Si se mide como inversión financiera pura, las señales son mixtas: una empresa debilitada, con incertidumbre jurídica sobre su propiedad y necesidades de capital significativas no es exactamente una oportunidad de manual.
Si se mide como inversión estratégica en soberanía alimentaria, el argumento tiene más sustento, pero solo si viene acompañado de un plan serio de rehabilitación, modernización y gestión profesional — no como un proyecto aislado sino como parte de una política agroindustrial coherente.
Lo que es indiscutible es que Monómeros, por sí sola, no puede resolver la dependencia de Colombia de los fertilizantes importados. El debate sobre su compra es legítimo, pero debe enmarcarse en la realidad del mercado: una empresa que en su mejor momento producía menos de una cuarta parte de lo que el país consume.
La pregunta correcta quizás no sea si comprar Monómeros es un buen negocio, sino qué haría Colombia con Monómeros que sea mejor que lo que ha hecho con las demás empresas estatales que ha gestionado a lo largo de su historia.

